La muerte del anestesista Alejandro Zalazar destapó una presunta red de robo de fármacos del Hospital Italiano y “fiestas controladas”.

Las pesquisas iniciaron a fines de febrero cuando Zalazar fue hallado sin vida en el piso de su departamento del barrio porteño de Palermo. Allí se constató que el profesional, que trabajaba en el Hospital de Niños Ricardo Gutiérrez y había sido residente en el Rivadavia, tenía una vía conectada en su pie derecho y una marca similar en el izquierdo, según el parte policial que dio a conocer Noticias Argentinas.

Pero la investigación tomó un nuevo rumbo luego de que la autopsia revelara que Zalazar había fallecido por una congestión, edema pulmonar y edema meningoencefálico. Esto, se presume, provocado por una sobredosis de propofol y remifentanilo, fármacos que se suelen usar para anestesiar pacientes.

Mientras avanzaba esta investigación, el Hospital Italiano reportó un faltante de fármaco, y tras una investigación interna, se identificó a dos empleados presuntamente vinculados con el robo de los anestésicos.

Así, la investigación llegó a un punto en el que ambos casos se conectaron: fue cuando las pericias determinaron que los fármacos encontrados en el cuerpo de Zalazar pertenecían a los lotes faltantes del Italiano.

En paralelo, se supo de la existencia de un grupo de WhatsApp en el que diversos profesional de la salud hablaban de “fiestas controladas” en las que se administraban dichos fármacos. Además, se difundieron audios en los que se involucra a otros profesionales en esta supuesta red de fiestas clandestinas.

Por el momento, la investigación por la muerte de Zalazar es dirigida por el fiscal Eduardo Cubría, mientras que la del robo de fármacos está a cargo del juez Javier Sánchez Sarmiento.